Del Kalevala: Un accidente de tráfico alla finnica

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Situémonos en los albores de los tiempos; si damos a esta locución un valor científico, quizás tendríamos que hablar de la Gran Explosión, o de la Teoría Inflaccionaria. Pero como somos seres volcados hacia la Literatura, y da la casualidad de que algunos, en estos momentos, comparten el mundo con la lectura del Kalevala, habré de remitirme a un extraño nacimiento que ha determinado esta obra. Väinämöinen, que ha permanecido prisionero durante treinta años en el vientre de su madre, abandona la dulzura de la prisión de carne y nace directamente sobre las aguas del océano. Extiende los brazos y es transportado sobre el dorso de las olas de un mar inacabable durante ocho años hasta que consigue finalmente arribar a una isla yerma que se alza solitaria en medio del mar

En un ignoto promontorio,
en un pelado territorio.

Contando con la ayuda de Sampsa Pellervoinen (¿no era un lugar solitario?) planta la semilla de los árboles, siendo tal la habilidad y profusión de la labor, que pronto transforma la isla en un bosque: en esta sociedad, los pinos conviven con los abetos, el brezo se relaciona con el aliso y el serbal, el sauce es vecino del mimbre o del enebro: un roble, que ha tardado en madurar, de pronto alcanza tan monumentales proporciones que en su vigoroso crecer no sólo oculta la luz del sol y de la luna, sino que detiene incluso el vuelo de las nubes, la caída de la lluvia, y el desplegarse del puente del arcoiris. Abrumado Väinämöinen por tan grande oscuridad y quietud que el inmenso roble ha sumido el mundo, eleva una plegaria a su madre para que mande un «héroe del mar» que pueda solucionar el problema.

Los albores de los tiempos, aún en Literatura, no se suelen caracterizar por su sutileza: así, el héroe oceánico, que ignora las virtudes de la poda, le atiza tres hachazos espantosos al tronco, derribando el roble por tierra antes de regresar a su patria marina. Impresionado con su labor, Väinämöinen decide no ser menos: abate todos los árboles, todos los bosques (dejando únicamente un abedul que sirva de hogar para las aves), porque siempre ocurrente y emprendedor, se le ha antojado inaugurar la agricultura junto a los pozos de Kaleva y del campo de Osmo. Como corresponde a todo héroe civilizador, se vincula con los cereales, que Ukko, el máximo dios celeste riega a su petición.

Un número indeterminado de años ha transcurrido; tenemos a Väinämöinen convertido en un latifundista agrario, un sabio reputado, y una estrella de la canción de fama internacional:

Cantaba días sin parar,
rememorando por las noches
todos sus antiguos recuerdos
y los orígenes profundos
que no pueden cantar los niños
y que ignoran hasta los hombres
de esta vida de expiación (1),
en el mundo perecedero.»

(III, vv. 6-14)

Joukahainen, habitante de Pohjola, escucha en su pueblo (2) decir que el verso del justo y sabio Väinämöinen superaba en profundidad todo cuanto él conocía, que había aprendido por boca de su mismo padre. Ardiendo en un violenta envidia, parte rumbo al Sur para enfrentarse a Väinämöinen en su propio feudo, desoyendo el consejo de sus padres, que ya le advierten que en las moradas de Väinö

(…) hijo, te embrujarán,
serás burlado por tus cantos,
boca y cabeza te hundirán
bajo la nieve, en el hielo
podrán tus puños de manera
que no podrás mover las manos,
tus pies se quedarán inmóviles.

(III, vv. 44 – 50)

… que es lo que siguen advirtiendo los padres de todos los mozos rústicos cada vez que ellos se empeñan en ir a la ciudad. En las tierras del Sur sólo le esperará la humillación, el escarnio público, y el ser objeto de la hechicería, mas Joukahainen persevera. Afirma que devolverá golpe por golpe cada ensalmo que sobre él se practique

Les calzaré botas de piedra,
les pondré un sayo de madera
en los riñones, en el pecho
un enorme bloque de piedra,
una roca sobre la espalda,
pétreas manoplas en las manos,
y de piedra será su casco.

(III, vv. 59 – 65)

Son metáforas efectivas y económicas que tienen la misma función: si en Väinö le paralizarán (como paraliza el frío, la nieve y el hielo), él los condenará a la misma detención (como si el cuerpo de sus rivales fuese de piedra inane o de rígida madera). Así, enjaeza su caballo y dispone su trineo, imbuído por una excesiva confianza en sí. En tres jornadas desenfrenadas llega a los prados de Väinölä, junto a los bosques de Kalevala; en esos momentos, el «justo y viejo» (3) Váinämöinen pasa por sus propiedades conduciendo su propio trineo, Joukohainen le sale al encuentro. Cuando el desprevenido lector cree que anticipa el enfrentamiento …

El joven Jouko apareció
y encontróselo en el camino;
entrechocaron los timones,
trabáronse tiros y arneses,
se enmarañaron las colleras.
Así frenaron su carrera

(III, vv. 88 – 93)

… ocurre nada menos que una colisión entre trineos, el primer accidente de tráfico del mundo mítico. Pese a la violencia del incidente, actúan con una considerable educación y flema:

…e inmóviles reflexionaron:
bañaba el sudor las colleras,
echaban humo los timones

(III, vv. 94 – 96)

Maravilla de tiempos antiguos, en el que dos conductores embarcados en un choque quedan pensativos antes de proferir palabra… hasta que el justo y viejo Väinämöinen exclama el discurso que tan conocido es en este mundo miserable, en el que el maldito invento del coche ya no yace en sombras:

Dime ¿de qué familia eres,
tú, que conduces como un loco,
tú, que guías tan imprudente,
rompes los flexibles arreos
y las colleras de madera,
tú que destrozas mi trineo,
reduciéndolo a mil pedazos?

(III, vv. 97 – 104)

Ya la tenemos montada. El combate de hechicería está próximo cuando se emplea el insulto, esa última forma de la diplomacia.


Notas:

  1. No es que en castellano se prodiguen mucho los estudios acerca del Kalevala, y descontando la edición de Joaquín Fernández y Úrsula Ojanen (que es la que emplea éste que suscribe, aun cuando haya visitado el resto de las traduciones castellana y alguna otra en lengua inglesa), no se ha hecho traducción fiable alguna. Ahora bien, no por compilar una traducción medianamente cuidada es la versión idónea para una lectura cuidadosa. Carece de notas aclaratorias y de toda la ortopedia del aparato crítico, tan útil (aunque suela desdeñarse con ligereza) para enfrentarse por vez primera a un texto tan complejo como es el Kalevala. Por otro lado, la numeración de los versos muy posiblemente no tendrá una exacta correspondencia con el orginal finés, tal y como parece desprenderse de la introducción de los editores (pág. 43). Dicho esto, el improbable lector de esta nota deberá recordar, como es bien sabido, que el Kalevala no es sino una recopilación «ordenada y ajustada» por la mano del folklorista decimonónico Elias Lönnrot, quien recogió diversas tradiciones orales y poemas varios de la región carelia para la composición de su obra. Visto que tales poemas sufren las lógicas alteraciones a las que está sometida toda poesía oral, aparte de pertenecer a épocas muy diferentes, en ellos se verán permeaciones de un sentido vivencial ajeno a la Finlandia pre-cristiana. El verso 13 del canto III es uno de sus ejemplos: la permanencia en el mundo como expiación de un pecado original inicial nos remite inmediatamente al constructo eticosocial del cristianismo.
  2. «Allí el joven Joukahainen / el hijo esbelto de Laponia / se dirigió un día al pueblo.» (III, vv. 21 – 23). Nótese que, en tanto Väinämöinen estaba ocupado con sus labores agrarias y cantando día y noche, el mundo parece haberse desarrollado alrededor a espaldas del narrador. Es el mismo ejemplo de la «isla solitaria», que al menos tenía como habitante al primigenio Sampsa Pellervoinen (o Pellervo, a secas), una antigua deidad de carácter agrario.
  3. «Justo y viejo» es el epíteto épico asociado a Väinämöinen, sin tener en cuenta que no pocas veces deja de ser ecuánime, y que es calificado como «viejo» desde los mismos compases de su andadura por el mundo. La primera vez que es calificado así, en II, 44, cuando está en la labor inicial de plantación de árboles.
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