José Antonio y la minusvalía argumental

Siempre me he quedado perplejo cuando desde la izquierda se ha dicho a veces que José Antonio Primo de Rivera era un intelectual sosegado y coherente que desgraciadamente se había desviado a la derecha.

El desvío de José Antonio era más que evidente; pero que fuese en algún momento algo parecido a un intelectual es todo un descrédito para esa palabra. Pese a lo que digan algunos necios: no escribía bien. Escribía fatal y caía en unas contradicciones sonrojantes —aparte de que hacía ese análisis de la Realidad, tan propio de los años 20-30, en el que cada tema a tratar se le maquillaba antes con todos los aderezos de la mística idealista.

En aquella revista efímera (‘El Fascio’, que publicó un único número el 16 de Marzo de 1933), en el artículo Hacia un nuevo Estado, José Antonio Primo de Rivera escribe contra, lo que según él, es el Estado liberal:

Cuando los principios cambian con los vaivenes de la opinión, sólo hay libertad para los acordes con la mayoría. Las minorías están llamadas a sufrir y callar.

Realmente éste es un ataque contra la democracia, porque lo que irritaba a José Antonio es que los ciudadanos (o los pueblerinos) pudiesen decidir algo, cambiando el absolutismo del monarca por el absolutismo de la democracia. Al no haber (según él, y aquí era profundamente reaccionario) principios universales de dirección política dentro del Estado Liberal, todo quedaría sometido al Reino de la Opinión (de la doxa) y además, de la mayoría, quedando indefensas las minorías (se refiere a las minorías políticas) y sin oportunidad de participar en modo alguno en las decisiones políticas de ese Estado. Esto, que si se lee mal podría entenderse como un alegato a favor de las opciones políticas minoritarias, no es tal, porque lo que Jose Antonio está pidiendo es que vuelvan (si es que han existido alguna vez) esos principios inalterables, que a lo largo de su carrera política y de pelafustán escritor de panfletos se encarnaron en distintos monigotes, a saber, la Monarquía, el tradicionalismo católico o el partido fascista que él fundó, por no decir lisa y llanamente la Patria (es decir, la idea ultranacionalista de vuelo rasante).

Como escribe algo más abajo:

Todas las aspiraciones del nuevo Estado podrían resumirse en una palabra: «unidad». La Patria es una totalidad histórica, donde todos nos fundimos, superior a cada uno de nosotros y a cada uno de nuestros grupos. En homenaje a esa unidad han de plegarse clases e individuos.

¿Y dónde quedaron entonces esas minorías que sufrían y callaban? ¿Acaso han dejado de sufrir con la construcción del ‘nuevo Estado’? ¿En qué momento trae éste la libertad, que antes denunciaba que sólo recaía sobre la mayoría (interpretando que la libertad es el resultado de votar y ganar, mientras que la opresión viene a ser votar y perder)? ¿Pero qué tipo de razonamiento es este, que en su mismo defecto formal no llega ni a la falacia…? ¿Este pollino es el intelectual que tenemos que respetar, cuando no sabe siquiera formular un juicio sencillo…?

Anuncios

Un comentario en “José Antonio y la minusvalía argumental

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s